HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Es mucho más simple. Es el beso de polvo en tu mugrienta ventana, recuperando la luz azul.
Es cuando todo empieza a romperse... y detrás de los laberintos de los ojos, un pájaro hambriento golpea en tu caligrafía la sierra de mi final.
Estoy en el mismo lugar que aquél verano en el que tenía 15 y lié con hachís el suicidio de la civilización en mi pecho. Y un perro me siguió al infierno. Y los dos, llenos de frío y miedo, dormimos el eterno retorno soñando con muertos que al fin tenían algo que decir mejor que el Silencio.
Mi voz, siempre ha estado entre sordos, ensordeciendo mi piel ensangrentada.... saltando ínsulas de mundos ahorcados, en el grano de arroz que te chupó la sangre, cuando las flores en la acera festejaban el luto de tu madre, golpeando ese mecedora los renglones que le dictó el hambre y bajo los que creciste lleno de espinas. 
Ya es tarde hasta para pensarlo. 
Dáte a la mar. Quítate de todo lo otro. 
Debajo de esos campanarios del infierno, tu cuchara sigue dando vueltas al camino. Hirviendo tu maldición donde el cielo huye.
Del Teatro jamás se escapa. No importan las palabras, da igual el sentimiento. Sólo la música de los suicidas calma el hambre negra de la madre violada que te parió en su herida.
Los otros, siempre tratarán de matarte. De cubrir tus motivos con su prisión. De abogar por el policía, por el estado, por la moral de los clavos y de los retretes.
Los otros siempre tratarán de devorarte. Porque fuiste el no nacido.

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