HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa rara desviación de la nostalgia en la explosión de tus autopistas bajo el papel de lija de un poema y de un golpe seco de ventanas sobre aullidos de gaviota... ha construido en mi idea de la ausencia, un ambulatorio de espejos desteñidos y encargos de grietas cuando empapado bajo la tormenta silbas aquella vieja canción que aprendiste atado a una botella de ginebra y un barco. Y yo soy el esqueleto distópico de la membrana de luz ciabogando branquias en tu descenso. Mi piel te tirita lo que se llevó el cielo de tu noche en mi palabra.
No vinimos a compartirnos el frío... ni la fe o el cinismo de la ruta. Siempre fue algo más absurdo, más triste y vehemente del roto reloj del capitán garfio en tu desnucado servicio chupando el vaho de tus ojeras.
Y usaste el verso, como lengua en la vagina, como óxido en la navaja, como préstamo entre ladrones.
Y yo sólo fui escalera partida en tu sombra. Propiedad de los descosidos amando rotos en el callejón que no daría ni pie a la página, ni sí a tu necesidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario