HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esas preguntas rasuradas en el papel de lija de ese templo violado de tus sueños entre moscas azules y deshorarios agitadores de los ojos secos que horadan el LSD en las neuronas que con su república independiente ahorcaron a todo el patriarcado de tus desiertos.
Y acurrucada de hielo bajo tu aguardiente... el préstamo se ocupó del aire en todos esos caminos desvencijados de bicicletas tristes cuando acusaste el poema en los sepultos. Y pedaleaba la inexistencia tu árbol desollado en mis cajas de pintura. Fue una historia triste, que se quedó gravada como lo inevitable en tus manos de artesano loco de estrellas suicidas.
Yo perseguí el dolor más allá de lo que el cuerpo soportaba entre esos tejados con la nieve dentro.  No quedó nada. Una inclinación ceniza para sacar de la cobertura tus muecas de arlequin. Demasiado amor inyectado en la yugular de Franquestein para aguantar el equilibrio. Demasiada literatura para abrir el telón y empaparnos del hueso ensangrentado del fondo del océano.

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