HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está empezando a llover. Esas gotitas, que se hacen muchas gotitas en línea medio recta, tiñen la ventana. Se oyen cantar a los gansos, a los pájaros que pronto se recogerán... y a las sombras que van penetrando la belleza de la montaña. Mientras el viento a veces saca a sus animales salvajes y nos arranca la máscara y la quimera de la fe, hacia algo mucho más profundo e incomprensible que sólo se puede sentir al ser robados por su fuego de todo lo que creimos.
Me dicen muchas veces que no es buena mucha soledad. Y yo sé que es verdad que la soledad construye una atmósfera en el monólogo interior y en la piel bajo la lluvia.. que envuelve todo de crípticos poemas y que luego es más díficil desnudarnos en la reciprocridad de un humano.. porque ellos montan una arquitectura y una ruta tan íntima y compleja que sólo se muestran con disfraces y teatro y eso provoca el efecto del cinismo y la apología de la soledad.. A mi la soledad me hace feliz. Aunque ella también tiene sus infiernos. Lo que me hace daño, es cuando ella se retuerce en mis costillas y llora y grita y maldice, cuando estoy con alguien y ella no sabe sincerarse ni encuentra espacio para expresarse.. y yo me vuelve su arlequín triste, su puta o su sacerdotista. La soledad no me lastima cuando tiene su monte y su canto. Me lastima en los ojos de las otras personas. Porque cuando estoy con personas no oigo a los duendes de mi soledad y eso me llena de moratones el ansia del exilio. Tal vez sea un jodido bucle. Porque me pasa desde siempre. Y nunca he podido cruzar la puerta del amor. Por eso escribo. Por eso escribiré. Por eso prefiero ir con perros y con la mar.

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