HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

 He estado tocando el tambor... en un lugar muy silencioso, todavía lejos del recuerdo. Pero sentí de nuevo la presencia de una memoria cósmica, de un hueco, de un amor. Luego fui al monte... y algo volvió a brotar en mi palidez al anudarse de chopos, al sentir la vida que detenía el tiempo y el pasado. Al digerir todos aquellos años, en un crujido de guitarra, en un beso de luna sobre tu sepulto. Y volver a sentir que estoy en mi casa... cuando bajo la lluvía, sentado en un árbol muerto... el espejismo del fondo de la niebla pronunció en mi soledad un columpio de salvia. Me sentí profana y mística, en la oscuridad y en la orilla. En el todo y en la nada, de ese ojo de buey de algo que escaló del revés la emanación de tus velas en el rito de madera y hachís. Fui otra vez medio feliz, sin estar contenta, esa otra felicidad que se da en la pérdida y en la caricia de la nada. Timón de raíces de tierra entre pozos y pájaros.

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