HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estoy cansada. Necesito dormir.... abrazarme al murmuro de la mar y al silencio. Volver a las meditaciones del encuentro y de la paz del vacío, del desapego, de la belleza del horizonte en los cantos de caracola. Y la desnudez y pobreza de todo lo demás.
Ahora llueve más fuerte y se oyen los golpes del viento y el chaparrón golpeando las persianas. Las cacofonías de la luna en la soledad de la casa. Me preocupa algo que llevo meses sin escribir y que he de llevar al pensamiento de los olmos y su amor. He de hablarlo con el Infinito, con la caricia secreta de lo Desconocido. Sólo el Imposible puede ayudarme a soportar ese golpe y a seguir amando. Las pinturas que formaban pájaros flotantes en el humo de las habitaciones de mi niñez, son las que pueden trazar en mi corazón el latido de la vida. De lo otro ya estoy demasiado desarraigada. A veces siento en el nudo de mi vientre... la voz y la sonrisa de mis abuelas... y el espíritu del Thor subiendo la noche de la montaña. Y allá, en algún lugar donde cien cielos se mezclan en fuego y grietas de enana blanca, en tormentas eléctricas y agujeros de gusano, está mi casa y el lugar donde me nacen los poemas y el único motivo para seguir aquí. Y es allá donde he de ir.

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