HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estuve cerca de la absoluta felicidad y del amor. Pero nunca dormí en su cama. El alba nos expulsaba otra vez a los parajes de la sombra y la duda, de la lucha entre navajas y grietas, por el verbo, por el aquí que salía volando por los aires cada vez que un nombre en la boca rozaba el fuego.
Fuimos lo incompleto de todo a lo que fuimos. Casi a punto de jugar en la luna, todos los futuros. Casi sólo poesía, sólo ir, sólo olvidar. Casi sin ser nada enteramente. Casi la venganza de los olvidados y el beso de caracolas y de tormentas. La tiza debajo de la lluvia. La nostalgia con la mano apretando el gatillo. Lo imposible convenciéndonos de todo. Sacándonos de la tierra. Pero y siempre una antagonia removía el petricor. Nos posicionaba en medio de ninguna parte, haciendo lo mismo que las hierbas, los pájaros y la muerte.

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