HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Floto en la rareza, me atan cerillas las lágrimas de quezkal cuando interrogan caminos imposibles tus instrumentos entre las cenizas que aguardan aquella palabra hundida en la opacidad de la noche. Me he vuelto más sensible del cielo encapotado en la pólvora, del gorrión, del tren descarrilado, de tu nombre devorado entre los pájaros.

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