HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha quedado en el fondo del vino, resurgiendo el camino que no tomaré en esa tormenta que amaina en tus flores muertas la humedad de la playa bebiendo nuestra sangre cuando el pasado ha muerto.
Ha sido la metáfora intrusa, la que rompió tu mesa de apuestas, en el caballo de madera que se mecía bajo un cadáver en la belleza de las rosas.
Todos mis caminos llegaron a la zona cero de tu extinción y llenaron con tinta noctámbula el pacto de ese verbo en la realidad destruida.

Me acostumbré a que no hubiera ninguna mirada ni caricia, detrás de mi escenario. Y ahora mi puerta, es un kalashnikov, y mi corazón la trampa que como el juego de la rana traga piedras donde el vino derrama el ansia de luna.
Mi ataque-defensa... vuela en mi fuera de campo. Mi alma, tiene demasiada literatura protegiendo su silencio. Y cuando anhelo, una voz en mis abismos, mi soledad se da a la lírica, porque hay un nudo de algas que ya se fue para siempre alguna vez entre la caligrafía de una tumba y el latido de los cedros.

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