HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hace casi calor de verano en la galería. De renacimiento. De pinturas empapadas en un horizonte que radiografía tu voz donde las sinfonolas besan con salmuera lo desconocido. Y estoy inquieta... la poesía no me contiene ahora demasiado... necesito otra forma de mover el fuego. Pero la escritura me calma la quilla de los barcos para mojar con las algas el todavía. Siento tanto amor... sobre algo indefinible que me siento bajo un hechizo que me remueve con éter. Me siento enamorada sin estarlo de nadie. Tengo que arquitectar estos fuegos en un lugar donde haya música. Otras veces cuando me sentí encendida acabé abusando de esa luz y metiéndome en callejones y lugares peligrosos. Siempre tuve una insana curiosidad del imposible y jugué con fuego con los mercantes de la gasolina. Y me quemé cien huesos. Ahora estoy removiendo con los trances y las meditaciones todos esos impulsos de nitroglicerina hacia el Silencio. Pero tengo dentro un animal inquieto que quiere jugar. y extender sus alas. Y ando entre sus tentaciones y lo sagrado. Refrenando ese ansia de poder del gozo y del éxtasis.. hacia la dulzura de lo vagabundo y de lo que no quiere nada. Me cuesta un poco conseguirlo. A veces soy hechizada por las sirenas. Me acaricia cierta zona del placer que me invoca y me arremolina como un desatar de algo incontrolable. Esa rara fuerza... me llevó al infierno. Ahora no quiero volver allí. Así que me estoy haciendo mística. Aunque dentro el pulso profano y clandestino me llena el horizonte de raros orgasmos del verso que no se para en un papel. Alguna vez en mi pasado... llevé ese gozo a lo inimaginable... y al lugar más oscuro. Esa rara fuerza alguna vez me hizo ser violenta. Y defender mi cielo, desde el infierno, desde el ataque y la ruptura, provocando sufrimiento y golpeando con verticales de pólvora en lugar de amor. Ya no quiero volver allí. El animal ha de ser libre. Pero ha de ir hacia mi casa. Y no encenderse y saltar a lo bonzo a todas las tentaciones y puertas. Alguna vez fui muy osada en ese lugar de la grieta entre los mundos. Ahora comprendo que hay ciertas cosas que se deciden y se comprenden, en lo sagrado... que no pueden mezclarse. Quiero decir que hay caminos. Los caminos a veces nacen debajo de los pies incendiando el latido. Y se borbotean como una magia que está antes y después.  Yo antes creía que no había ninguna ley, y que mi deseo, debía ir como una jauría a todo lo que le pulsara la llama. Que yo podría jugar impunemente con todo y sacar mi poema y seguir ilesa. Quería entrar en todo y sentir su orgasmo en mi piel. Por eso muchas veces fui hacia la sombra con la misma intensidad que hacia la luz. Y algo de ese latido sigue siendo importante para el canto de mi libertad... Pero no puedo desviar mi camino. Alguna vez entré a todas las puertas del éter con las que me crucé. Entré con inocencia, con indiscreción, con locura y con salvajidad. A veces me volví allí beligerante.  A veces salí llena de sangre arrastrando mi cadáver.  Ahora ya no puedo hacer eso. Porque he comprendido que hay caminos que no son los míos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario