HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay algo en la entraña... que se arraiga a veces al vicio del blues. Y eso me mete en ciclos eclípticos de la lija y la ciudad destruida cuando la pizarra sangra versos escritos a golpes entre cuerpos inocentes y desvalidos en medio de la nada que aulla, arquitecturas de quimera, ocultando con sus moradas y viajes, el agujero incendiario de la verdad.
Y navegué ya todos esos cuentos, sufriéndolos en mi carne y en mi corazón, como si fueran de verdad, tomé a los personajes de ese Teatro como caminos, cuando sólo eran música borracha debajo de la alcantarilla, compartiendo el pan y el vino de los presidiarios. 
Pero esto no me debe llevar sólo a la negativa y al adiós. No es esa la manera. Eso sería también darle poder al Teatro y sucumbir a sus prostitutas.  Esto me debe llevar a la formulación de la atmósfera del poema que ardió en mí mucho antes de haber sido humana y haber llevado el pellejo y sufrido la hechura. Y eso ha de empujarme al secreto del Sol y a la verdadera libertad.  De nada sirve ningún camino sino te hace bailar y reir. 
Yo ya he cantado demasiado, contra la humanidad bajo los espejos rotos de la saliva de ayahuaska acuchillándome de noche. Y esa no es la manera. Es una reacción de estar atrapada en el Teatro. Cuando se quiere con locura destruir el Teatro, lo que se hace es perpetrarlo. Y el Teatro se mea de risa de perro encima. 
El Teatro es tan complejo que para hallar sus ojos quemados detrás tocando los violines, hay que volverse loca como una jauría hambrienta. Hay que volverse ceniza. Hay que morir las mismas veces que se creyó la trampa del Teatro sin distinguir sus ardides del dadá y del humor negro del Infinito jugando a cazarnos y a meternos la cadena y el cuchillo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario