HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay otra forma de horadar en la luz hervida de ese pentagrama el leitmotiv de chimeneas de mar borrando en tus diarios mis huellas dactilares. Es la zona intermedia, del absoluto vaciamiento y el sentimiento incondicional de la salmuera y la sangre de tus pasos.
Ya no es, respecto a la reciprocidad del sonido en una respuesta que calme tus aullidos en medio de la nada.
Tampoco porque la otredad ame, comprenda y acompañe, racimos de niebla, saltando precipicios con letras orbadas en el corazón de las estatuas de sal.
No viene al pago... de lo que atormentó la canción en tu utopía ni en tu renuncia.
Y no crece ni se calma, porque el exterior traiga, una orilla.
Vive dentro, utilizando la cuántica y el gas. Es lo inabarcable de un poema o de una lluvia de barro... en la lírica descriptiva de los sonidos musicales cuando el cuerpo es trapo y adiós.
Yo soy atraida, por su paraiso y su presidicio, pero cuando me roza, soy transformada, en una nueva. Naciente de la herida y del deseo. Recien llegada a la escritura del horizonte, a su desapego y a su amor. Nunca voy en el mismo barco. Y cuando salgo expulsada, no es lo que espera en mi espejo sacando a navaja punta al lápiz.

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