HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay que navegar. La oscuridad ha entrado por el agujero de mi pared, cuando dormida me equivocaba y me abrazaba a tortugas de la guerra entre mares rojos, donde la madre se había muerto de vernos tan lejos... llevar las llagas, de camino a camino.
Ha vuelto el dolor... que envían los jinetes de cabezas de serpiente en los órganos del humo. Y sólo podemos seguir tocando la música, sin parpadear, sin temer, sin entregar nada en la lágrima ni en el cansancio. Sin darle nada a la renuncia, sin suplicar a lo que no existe. Manteniéndonos al acecho como felinos hambrientos dentro del frío. Al amor... como huellas desvencijadas que nunca traicionaron su primer sueño. La única salida sólo ha vivido dentro, donde el corazón es un escalofrío y el horizonte una llamarada.  Donde habla lo incognoscible, porque siempre somos pobres y vagabundos e indefensos en la tierra. Es ahora donde debo aguantar el pulso al abismo, porque soy empujada por un sentimiento demasiado complejo para que mis palabras puedan cuestionarlo. Sólo tengo mi instinto, mi espíritu, en algún lugar del laberinto, abarcando con su sangre las paredes, y sólo él puede disgregarlas. Yo no puedo permitirme soltar las armas. No puedo entrar en los viejos refugios del dadá y del alcohol. Pero sé que si no se ríe y se goza, este no es el camino.

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