HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hay un magnetismo... al despiece acotado del naufragio, donde la palabra bombea lo que en tu boca se tragó de alcohol en ese libro de plomo que pasaste junto a mil tumbas entre mi piel. Yo lo remuevo en el mecanismo transformador de la procesionaria de los pinos, cuando nada te llora, ni te hace complementario de mis noches sin mundo chupando en los huesos sangre de tango. Cambia el nacimiento de su cueva en el escalado y disecado de las mariposas en tus cuadernos hechos harina del pan del desencuentro, una medianoche cualquiera, donde perdí el norte y todas tus preguntas.
Porque todo lo que tomé, lo hice, desde la inestabilidad crónica y subjetiva, del ardid de la metáfora, follando brujos en el espejo de la sal. Mi cuerpo jamás sacó en claro nada de la prosa ni de tu cuerpo. Fui a la mitad invisible y carnaval. Fui la que recogió tu basura, en la canción de amor que le escribiste a otra que confundiste conmigo cuando eran tiempos de morir.  Yo me hice responsable, porque era fundamentalista del capricho infiel de mi poema. Y tú eras droga, insomnio y desierto. Porque lo que tomé lo hice desde el anacoluto que me preñó desde Marte. Y todo lo otro, era su refugio y su hospital, su tren y su accidente. Para el amor o para la tragedia. Para la sequía o para el sexo dentro de la mar, entre péndulos de cubismo, carroñero y filantrópico.
Por eso todo me hizo daño, por eso nada me lo hizo, porque no iba conmigo, porque corría por mis venas.  Porque detrás de cada palabra que ofrecí al otro o a la roca, nacía una palabra que la rompía en mil pedazos por su sueño maternal.  Porque éste es mi lenguaje, el que no miente. Y no vive nunca cuando hay alguien. Porque cuando hay alguien, mi carnaval se vuelve loco y mis suelos y paredes se enganchan de sapos y de hoguera. Viene a protegerme mi exilio. Viene a acuchillarme el amor. Y siempre, bajo cualquier circunstancia, soy la otra cuando hay alguien.  Y en esa complejidad cuántica del destierro y lo sido. Hablo las mandrágoras. Y mi amor, está solo, en medio de la nada. Porque nunca concedí ni mi lengua ni mi cuerpo. Porque naci sumida en la lejanía. Porque mi soledad no se permite perderla. Porque he escrito muchas más palabras de las que he hablado. Y en su profundidad y en sus desiertos...... mi senda desnuda me obligó a continuar, por dignidad, por desamparo, por utopía.

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