HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He cambiado la táctica. Dejarlo a palo seco, me sube por las paredes, me deja en la profunda ausencia tiritante de la detención del mundo en medio de la nada. Así que le he dado alguna calada.. y lo dejo encendido en mi mano, hablo con el humo, hablo con su interior, hablo con mi hambre y con mi muerte, la noto entre mis dedos, a veces la quiero chupar, a veces la envio al otro lado de las montañas.
Mi relación con el tabaco es muy complicada y yonqui. Fumo desde hace mucho, desde los 13.  Fumo unos 40 cigarrillos desde que alguna vez las paredes del manicomio besaron en mis huesos alas de sangre de mamut. También hay una especie de canción suicida que elegí hace mucho en los bordes de la noche.
En el invierno del 2013 dejé de fumar casi a palo seco, durante un mes. Estaba en la mar. En Lamuño. Había acabado de morir la abuela y se había roto la historia con K.  Fue un proceso raro y doloroso. Pero estaba la mar y ella me contenía. Escribía en diarios. Pero me invadió una tristeza. Y justo el día que volví para acá, empecé a fumar otra vez. Era enero. Me había bañado desnuda en una playa con el éxtasis del frío y fui profundamente feliz. Pero volví a fumar cuando subí al coche. Mi escritura se me anudaba como un aullido. Y tal vez aquél luto no llorado, no honrado, no acabado. 
Ahora siguen retorciéndose en mí las serpientes de las plumas.   Cierto latido de la imperfección, del amor al fracaso. Del riesgo y desbancada de la belleza marchante de ese nombre en medio del incendio.

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