HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He de meter esa angustia, en la desnudez bajo la lluvia, pisando barro y sueños rotos. Y dejarla ensilar, donde el hombre triste golpea un piano de whisky cuando nadie está despierto ni sabe su nombre.
Lo otro que hiciera con ella, sería una trampa que acabaría arrastrando en el peso de la sombra.
Ya es muy tarde para hacer pactos con el vacío y ganar una canción.  Ahora soy su papel en blanco buscando la ternura de los árboles y la venganza de la luna donde yo nunca he nacido.
Sigo habitando mi intemperie fortificada por metáforas ilegibles para el amor recíproco en la otredad. Todos los espejos están rotos. Sólo yo podré darme el amor que me falta, y no será a través de mí, sino de lo incognoscible y del pólen que arde entre los bosques.  También necesito amor. Aunque ya no sea humano, aunque ya no vaya a ningún sitio. Es otro tipo de sentimiento... que conocen aquellos que buscaron en el desierto el destello de Sísifo ahorcándose en el principio de las piedras. El amor que necesito.. es un escalofrío sinestésico... como esos recuerdos de la niñez abrazando un cordero, como el diente de león, cuando los colores brillan multiplicados la anarquía y antipertenencia del infinito en la protección de los desheredados. Necesito la caricia del Sueño. En el lugar en el que estoy sólo lo que no existe podría ayudarme. El teatro ya me ha cansado, ya me ha hecho apóloga de todas las ficciones y cuentos de hojalata y herrumbre. Ya he dado vueltas de campana loca en esa noria sin fin. Y mi crisantemo congelado me escupió su amarga verdad en la profundidad de la música. 
Soy más vulnerable hacia esa ausencia, porque ha sido una ausencia infinita en mí desde que nací. Hoy lo sé, y sería una estúpida si volviera a cometer las pasiones del prostíbulo en el centro de mi hambre. Volvería a beber cuchillos y a sufrir el agujero por haberlo mirado desde errática grieta.

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