HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He echado el spray que compré en el veterinario al perro... porque se arrascaba y también me lo eché sobre el pelo, porque aún tengo la sensación de que tengo bichos jugando en mi cabeza. Hace un día de primavera. He tenido este invierno una sensación de abril sangrando en tus caminos de flores y barcas boca abajo chupando de la mar pronombres imposibles. La imaginación debe ser la guía. La rareza, ha de extremizarse, porque en ella vive la esencia... la vuelta a casa, y la verdadera lengua. Y sin embargo zozobro por las noches, el lado oscuro de lo Desconocido. Entre los tiovivos de opio y sus hachas y tumbas. Entre el sueño y el espanto. Dudando del amor con balas y piedras. Buscando el amor con balas y piedras. Siempre en ninguna parte. Con el sombrero roto del arlequín coagulando heridas abiertas en lo inasible. Y la sangre es bálsamo y llanto. Nos alimenta extrañamente, seseando precipicios entre el paraiso y la inexistencia. 
Hoy al mirarme al espejo me quedé clavada mirando mis ojos. Buscando ese raro brillo. Y tuve un recuerdo muy antiguo, de mi padre, yo tenía 3 años, él estaba al borde de la muerte porque tuvo un accidente con el coche... se le clavaron las costillas en los pulmones, los médicos pensaban que iba a morir. Tuve el recuerdo de cuando fui a verlo... después de unas semanas sin haberlo visto...  y él iba en una silla de ruedas.. estaba a la entrada del hospital, porque bajaba a fumar y a tararear por ahí, y me quedé mirando sus ojos, y le dije "qué blancos y brillantes y bonitos tienes los ojos".  Y hoy pensé que era ese resplandor de haber sentido al éter y su inmmensidad. 
También recordé, cuando viajaba con la locura. En ese mismo espejo.. que me quedaba mirándome y el reflejo de mi espejo se movía, me guiñaba el ojo, pero yo sentía que yo no había guiñado el ojo. Que mi espejo tenía vida propia.  Todo siempre fue muy raro. A la persona que más quiero del mundo es a mi viejo. Ayer tuve una visión en el ensueño... de que la muerte le golpeaba el cuerpo y yo me ponía en medio para espantarla. Y la muerte nos llevaba a los dos.  Eso me puso a flor de piel de una rara ciudad volada por los aires en los ojos de las cigüeñas.

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