HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado abriendo viejos pórticos y hogueras de mi latido enfrentado a la piedra de la nada, circundando tu esqueleto entre mis brazos. Mano en la mano de la lejanía, echando el remo y el hambre, desabrigándome cuando vuelve el frío, para beberlo con tu papel en blanco tocando en mi puerta historias escabrosas que la noche y sus enseres ya habían sacrificado, mucho antes, entre nuestros cuerpos.
Decidí irme, hace un mes. Pero quedó un vaso lleno en esa sucia taberna. Hipnosis de sirenas al cruzar calles mojadas en la medianoche del suicidio del tiempo. Fui culpable del amor a la sombra. Fui su grieta en mi garganta cuando tenía la vehemente sed de esa locura rodando la autopista, para poseer lo que nunca fue de nadie.  Llegué a esa plaza de lunas cadáver, volteando el espejo de tus ojos debajo de los charcos. Y otra vez la serpiente me metió el perfume del fuego en la gula de mis ojos.  Por eso hoy aquí chirrían las ruinas.... los naipes boca abajo de tu casa desmantelada. Por eso, he de empezar de nuevo.  Tengo la experiencia del fango y del paraiso.  No se basa nunca esto en la moral adquirida por la cultura.  Es otro pergamino cosido a balazos en las palabras que se usan cuando se habla con las plantas. Es ahí. He de hacer un trabajo de introspección, pero también tomando el furor del magnetismo que el exterior domina en mi pecho.  Hay un lugar donde se mezcla esos dos mundos... una especie de conducto, de lenguaje del fuego del agua. Y es ahí donde he de regresar. Y para eso antes tengo que devolver a su curso.. esa contrariedad sombría que me ha venido desde un blues gangrenado... y atraido hacia algo muy primitivo y atado al otro lado, hacia una rara metonimia, de sombra atascada. Ahora me debo con todos mis latidos, hacia esa herida.

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