HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado en el patio tratando de arrancar una verja que puso alguna vez allí el abuelo para que los perros no entraran al verde. Yo siempre odié ese verja.. porque me gustaba sentarme en la hierba junto al Thor. Está atada a unos postes de metal cada uno de madre que el abuelo vete a saber dónde encontró, he conseguido arrancar dos o tres.... pero algunos no he podido... y no tengo herramienta para hacerlo. Quiero volver a vivir en la naturaleza. Y para eso a veces es importante el rito profano y espontáneo... lavarse la cara con barro... hablar con las plantas, caminar río arriba como si fuéramos hacia el fin del mundo. Tocar el tambor en el monte me ayuda. Pero a veces todavía cuando llego a casa.. me quedo como una crisálida extraviada contando arañas en los agujeros del suelo.  Y siento una carga sobre mí. La carga de una historia, del tiempo finito, del falso tictac, del falso suceder, sin suceder nada. Y entonces sufro los verbos del suelo y de la sombra. Necesito creer sin darle coronas de flores ni ruegos ni dogmas a la creencia y sin creer. Por eso hoy voy a disfrazarme y a pintar mi piel con tierra mojada... voy a tocar el tambor y a bailar como si hubiera comido setas. Tengo que quitarme de adentro esta muerte. Tengo que acudir al trance desde el carnaval y la fiesta de los locos. Tengo hambre de peyote, tengo ansia del Infinito y de la exarcerbada ebriedad de los hijos de la ruina. Quisiera hablar con un gorila y que me llevara a casa. Como acá, sólo estamos el perro, yo, y el Infinito.. tendremos que usar nuestros instrumentos de la pobreza y de la vagabundia para que la luna baje las escaleras.

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