HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado en el río... feliz con Kavka... he sentido algo inefable, como un secreto, como un secreto que recubre una burbuja-matriz. Como un latido de agua reverberada en el vientre de una semilla de vapor. Que mantiene en mis extremos, donde la fusión danza, algo mucho más poderoso. Donde yo ya no existo. Eso me ha dado una apertura en la solidez de la supuesta atmósfera que recubre las palabras y los hechos y tambores. Una prisma que escala la sumersión del verbo donde las aves extienden el crepúsculo en su vuelo.

Habito otro mundo... desde hace un par de meses. Ha sido metamorfoseada la palabra que movía en mí la fricción entre el verbo, la carne y el éter. El tiempo se sucede en otros comandos. Mi piel huele la mar desde otra sinfonola que preña en los corales mi canto con la ausencia. La metonimia que sujetó aquél cuchillo entre tu pozo y mi lago, provocó un nueva radiación entre esa lucha que engendra en el Silencio a la Madre del Silencio. Cuando los hilos de salvia enmudecen el tapiz de tierra que abrirá esa ventana en medio del desierto.

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