HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado en el valle. Por fin he sentido otra vez el lugar hacia mi casa, aunque mi casa no tenga paredes ni techo. He estado tumbada en la hierba y he hecho unas respiraciones buscando el centro de la tierra y la cuántica del cosmos y alguna otra fórmula física que desconozco completamente sino es con el fuego del poema y aquello era una especie de columpio sin cuerdas, una placenta, un salto sobre la nada. Y he sentido que unos hilos invisibles unían otra vez en mi cuerpo y en mi espíritu algo parecido a la luz y a la Madre. Me he sosegado... he reído, he vuelto a oler el verde y el ocaso.
Luego también corrí y jugué con el perro. Y me metí a la cuenca del río y me abracé a un chopo. Y escuché música y dancé en medio de mi nada. Sin recuerdos, sin intenciones. Y eso me devolvió la idea cubista de mi ventana de viento. 
Todavía hay nieve en las cumbres. Al volver y mirar de lejos el pueblo, un profundo olor, de otro pueblo enterrado entre hojarasca. De otra mano asomándo de mi mano, golpeando un tambor donde el tiempo nunca ha existido.

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