HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado escribiendo en el cuaderno. Y he encontrado por fin, un motivo metafísico para el desarraigo que he venido sintiendo al beber de una cuántica incompleta, la sombra y el paso. Los mil y un motivos del callejón, alienados de forma rota y retorcida, al espejo del sol, del otro lado.  He vuelto a hallar la coordinación de mis antagonias, al nacer del verso que destruyera el peso de la prosa con la que venía ese agujero.
Y ese agujero se hizo un darse cuenta, de mis viejos procesos del lenguaje, cuando escribía desde el pensamiento-agujero, el yo agujero, el suelo agujero. Esa escritura Subconscientada que acababa sacando a la luz el verdadero contexto del allá, evitando el objeto directo de mi piel en el cuchillo y obligándome al viaje a las profundidad, más allá de la arista de la hechura y del desequilibrio de mi pobreza.
Algo ahora, utilizando aquél primitivo fruto de las sombras, ha vuelto a oscilar contra la luz en mi camino. Y su oscuridad es también el instrumento para retomar mi camino.
Hoy he vuelto a comprender mis sueños y he sabido lo que quería el tigre que apareció.  
Sé que esa sombra, peligrosa, furtiva. Ha estado en mi vida desde siempre. Ha hablado en mi exterior, ha hablado en mi palabra dinamitada sobre la siguiente palabra ahorcada de la atracción de la luna. Ha estado en ciertas decisiones... en vías de escape que fluyeron noctámbulos cuando el mendrugo del gorrión robaba tu nombre sobre los cristales.  Y ese complejo mecanismo del poema, entre la nada y el cáliz... ha vuelto a aparecerse, como el prisma, como el vehículo, como lo que toma lo desechable en su alquimia para engendrar detrás el verdadero rostro que cose en mi cara lo que no es mío y es a lo único que he sido, con crepúsculos, cada vez que amé.

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