HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado escribiendo en el cuaderno. Y he llegado a un lugar que me ha dado el latido de una posible salida. A través del Teatro, como gestor, como sepultura, como botella de vino, como intérprete. En lo exterior y en lo interior. En el diálogo del polvo y del ojo de buey.
He mirado mi vida, en una especie de látigo en llamas, donde todo lo que me fue, ciabogaba en el suelo crujido de ese escenario. Y el daño ya no era tal, sino en la consecuencia de un juego. Segmento del cubismo. Así como las pasiones y prisiones de un sentimiento, o de la búsqueda del fruto. Al hallar esa mirada... ya no vi el poso de mi infierno desde la latitud carcelaria de su atmósfera. Ni esa continua pelea del rayo con la otredad y el espejo. Porque ya no partía de su prosa. Sé que su semántica fue sólidad en un error de espacio y de verso. Fue en la linealidad. En la cuántica esto nunca ocurre.

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