HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado midiendo el pecho al perro para comprarle un arnés...con esas tiras de medida de costura, amarillas con números negros. Debían ser de la abuela. Me dan cierto fetichismo del recuerdo de la anchura de los nogales, del copo de nieve en tu cazuela de ortigas, de las arrugas de su cara cuando el olivo brotaba de nuevo la sangre del mar. La casa está llena de los objetos que no pudo digerir el teatro. Se pasean y flotan advenedizas de memorias abiertas en canal en la taxidermia de la luz del sol. Mil perfumes prófugos, de Peter Pan, de Momo, del brujo de las cerillas cosiendo alas con sopletes a los niños ahogados. La vieja máquina de escribir bebiendo el polvo que tu jarra de vino viene a amar sobre la que seré cuando esté muerta.

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