HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí con el perro... algo enrarecida... la ciudad tiene demasiadas emanaciones grises... donde no respira la naturaleza y los cercos del civismo hacen nudos en lo inefable que choca sobre una especie de muerte. Y el paso va allí también pisando cristales. Aún no he llegado al lugar al que quiero llegar... tengo antes que revolcar en mi hueco, el poso del infierno. Tengo que extenderlo desde mi herida y mutarlo. Ya no me sirve del todo la explicación existencialista. Ya no soy respecto a mi historia... ni desde el violin, ni desde el vino borboteado en tu escritorio.
Estoy en medio de ninguna parte.
Quiero ir pronto a nadar a la mar.  Sé que ella, siempre ha sido determinante en la elección del camino. Lo que he descubierto de mí y del amor y del aullido, a su lado, ha sido la única senda.
Mis sueños se han vuelto más complejos. Mi diálogo con lo desconocido se ha vuelto demasiado voluble. Siento que se ha abierto una biburcación en mi percepción al mirar el Verbo, y eso me lleva a enunciados incompletos y caóticos. 
Tal vez se me metió una duda de fuego. Tal vez dejé de estar en armonía con los árboles. Y la ventana del infinito está escupida desde sangre del desierto.  Necesito concentrarme en la desnudez de la caligrafía... en el acto de la danza... en la sincronía de lo abstracto más allá de lo que el horizonte plantea sobre el materialismo.

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