HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí con Kavka. Es tan fácil querer a un perro. Algo en las emociones al reflejo de la risa de un perro, se hace infinito y libre. Los perros desde que era niña me han salvado la ternura cuando el mundo me era un sanatorio con rejas.
He estado escribiendo en el cuaderno sobre un comando que ha venido repitiéndose tal vez desde los 11 años. Y que usó a K. como la metonimia sangrienta y pasional de la cavidad de su hueco en la latitud de sus llamas clandestinas. Pero no era él. Es algo mucho más profundo y medio inefable. Es una llave, es la lectura del fondo de mis ojos entre la nada y la sonrisa del mar. Y es ésta perspectiva la que tengo que ahondar para descubrir en mi misma mi verdadera relación con el poema y la muerte. Da igual para esa información, los elementos concretos de nuestra historia en la felicidad o en la desgracia. Mi ser nunca funcionó con la prosa. Fue el poema. Fue la figuración del escenario en llamas, hacia el beso de las espigas o el cuchillo de la noche. Y todo esto, me hace desviar el grito del tango, hacia una zona más lejana de mi conciencia y de las fronteras de mi ser, donde oigo una llave aunque aún no pueda dibujarla que me abre otra profundidad en las pasiones que ha seguido mi corazón. Donde no importa para nada, los detalles de la hechura ni quiénes ni con cuántos.
Esto me lleva a buscar la música de esa sangre, en otro plano de la realidad, mucho más allá de las relaciones humanas y de los golpes y faros que he encontrado en la tierra. 
Esto era algo que tenía pendiente. Mi pensamiento, mis motivos, ya lo tenían asimilado, pero no mis sentimientos. En mis sentimientos arrastré siempre ese fantasma. Mucho antes y mucho después de K. Él se hizo la arquitectura del fuego de la herida y de la mar, en la trampa del poema. Tal vez yo necesitaba desarrollar y sufrir esa trampa hasta el extremo. Da igual eso ahora.  Es en algún lugar de la espiritualidad de mi infancia, donde soy libre de esa sombra. Tengo la intuición de que algo detrás de ese escenario me traerá información de las posibles vidas más allá del éter.  Y de quién soy de verdad, quién es mi animal, que noche inacabable agita en mi habitación la guitarra de arañas y que oculta la oscuridad en el poso de versos de mi sangre nutriendo en el desierto la herida de la palabra.
Todo esto también me coloca en un lugar incómodo. Y precisamente por eso, sé que es importante. El haber cambiado la posición de ese sujeto metafórico en relación a mi carne y a mi sueño, me ayudará a navegar otro comando de la conciencia.  Cuando mis sentimientos vivían en el cementerio de esa pasión, mi ser viajaba en un bucle eterno de la tiniebla. Y eso me impedía avanzar y vivir.  Hoy sé que la construcción de ese verso que estalló en la lejanía del cielo a través del amor o del odio hacia K. Había nacido en un lugar donde ninguna estábamos vivos en relación a la tierra y a sus historias. Sé que ese verso desvelaba mis ojos y mi ausencia, mucho antes. Usando diferentes ciudades y hombres y botellas de vino. Y tal vez también estuvo unido al latido de mi éxodo y los aullidos de mi soledad.  Con K. se hizo una atmósfera de bodegones en lienzos yonkis y casas abandonadas, con vino siempre fresco en la helada y en la ventana que ya nadie pudo cerrar. Pero sólo era un pasaje del Teatro. La atracción a K. y a la tumba, no tenía nada qué ver con él, ni siquiera con la que yo era cuando lo amaba. Estas cosas siempre han nacido en el fuego. En un arroyo de lo Desconocido.  Y la gente con la que nos cruzamos y deseamos o odiamos, son sólo representaciones de escalofríos que hablan siempre de otra cosa y taladran en el espíritu el verdadero camino. Las cosas de los humanos y de lo social o emotivo, son sólo pasajes, disfraces, caminos metafóricos. Maneras de navegar la trampa del lenguaje y del hambre.

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