HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por el río... otra vez absurdamente feliz, flotante entre tus cantos de ruina, enredada a la niebla oculta de los árboles. Todo estaba cerca del fin y del éxtasis. Éramos esos habitantes sin mundo en la pértiga del fuego recordando atormentadamente una memoria perdida en algún grito de los violines cuando te hundías en el lago.
Estuve tirada en la hierba junto al perro. Con una lata de cerveza, con mil siglos de olvido bajando con la corriente donde alguna vez volví a amarte. No era para mí. No sería en tu página desde mi ausencia. Ni en mi grito desde tu distancia. Acá siempre, otro pronombre separó entre nuestras bocas, el beso de la muerte y sus ángeles de polvo cavando en los tambores la belleza.
Y no duele en ninguna de las nociones que podrías escribir en los muros y en los suelos. Ni cede a la albura de tu lágrima los escombros que en mí alimentan los nidos extraviados.
Fuimos trampa insolvente en los enjuagues de mirlo bajo tus pinturas. Aquél suelo siguió cayendo. No tenías oficio ni nada con lo que contener la maquinaria de aquellos relojes de fuego. Como yo, elegiste la despedida. No lloró jamás la deuda que se llevó aquella muerta a la tumba. Fuimos su amor, si acaso lo hubiera tenido. Su flor del cactus cuando las calles sacaban el jugo de las cloacas en la mesa.
Y esa ortiga que en mis cicatrices poseyó lo que nunca me dijiste al espejo de esa noche de manicomios sin puerta, hoy ríe, lleva el estruendo roto del farol en los grumos del vino que roban la sed de mi boca y las desposan con la soledad de la luna.

1 comentario:

  1. La lógica y el absurdo están excluidos del universo de la felicidad. O así me lo parece.

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