HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado tocando el tambor con el perro cerca del río. Me senté en una piedra.. y nevó durante un rato, también hay nieve en el alto de los montes. Y allí me sentí otra vez viva. Lejos de ese raro grito que hoy me golpeó. Tocando el tambor comprendí... que estoy en tierra desconocida y que es normal que se abran heridas, para enfrentarlas y saberlas desde otro lugar de la conciencia, para no venirse abajo desde el mismo alcohol de esa taberna del suburbio, ni usar mis antiguos mecanismo de defensa, porque eran ataque, y su violencia volvía sobre mi techo. Sentí que algo en la invisibilidad de mi entraña se sujetaba como un barco sobre la invisilidad del sitio al que voy, como una promesa de vida y de resistencia, aunque ande entre la locura y el vacío.
No voy a hacer una drama de mis historias de callejón y soledad. Son sólo una forma de bailar el vals, un poco macabra y de araña coja, pero son sólo un transporte, no son mi mensaje, no son mi horizonte. Sufrí, todos sufrimos, nadie es inmune al abismo, los pensamientos se rebelan contra sí porque se saben incompletos y manipuladores, su angustia nos destruye lo que teníamos por hogar y tenemos que empezar de cero en el a tomar por el culo del verso de ceniza. Cada cual se mata y renace desde un prisma. Unos no dan muchos más que las uñas. Otros dan el corazón y pierden los papeles. Eso da igual. Yo tengo que seguir mis señas.. que son oblicuas y algo lunáticas. Mi historia personal es mi chivo expiatorio para llegar al resplandor.  Y es entre las ruinas donde se afilan las guitarras. En la paz y en la alegría... sólo se baila. En el fango se camina, se lucha.

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