HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado tocando el tambor... llegué a un lugar muy hermoso, algo onírico y sagrado... se montó una escena... casi espontánea... yo bajaba al pozo de mí misma... allí aparecían figurativamente monstruos y cuchillos, gritos, heridas y lazos del infierno... yo cruzaba muy rápido, me sentía a mí misma corriendo mientras otra parte de mí tocaba frenética el tambor.... luego busqué una ventana para salir de allí.. y llegué a un naranjo y seguí corriendo y llegué al alto de una montaña de noche... estaba allí sola, tenía que esperar algo sin esperar nada, trataba de no tener miedo, y para no distraerme tocaba muy obstinada el tambor... trataba de observar lo que había a mi alrededor, luego sentí que daba vueltas alrededor del fuego y que estaba esperando a mi manada, pero no vino nadie.... tocando salí de allí... y me sentí a la mitad hundida en la tierra... pero a la vez me sentía poderosa y llena de luz... en un lugar silencioso, sentí que debía levantarme y caminar.. y toqué todavía un rato. Luego posé el djembe... y me levante y sentí algo fascinante... sentí energía... sentí que mi cuerpo estaba en la Grieta.. y me moví y dancé... e imaginé a mi alrededor árboles y plantas... y casi pude olerlas... luego regresé... y volví a la casa. 
Antes de esta parte del trance... estuve tocando lunáticamente y emitiendo una especie de cantos-alaridos a los que el perro se sumó ladrando. Eso me dio alegría y fervor. También en algún momento... toqué para los espíritus de la casa... y entreabrí los ojos un instante y al ver ese viejo salón... vi el salón de mi infancia... tuve un explosión de recuerdos, de mis abuelos, mis tios, todos ya muertos... algo muy bonito.
Y luego fui a otro lugar. Durante un instanté con esos latidos abstractos sentí un orgasmo y quise llevarlo todo al Infinito, no quedarme nada para mí.  Sentía que estaba en un lugar donde todo lo que yo quisiera se cumpliría, pero tenía pavor a mi propio necesidad, sentí que eso no era importante y me impediría volar, sentí que el querer poseer lo incognoscible, era perderlo...porque ecordé entonces una de las alucinaciones de la yerba del diablo, donde yo llegué a una montaña y había una piedra labrada con jeroglíficos que supuestamente era el secreto del universo, y yo codiciosamente quise arrancar la piedra y quedarme con ella... y al hacerlo el estramonio me expulsó y volví a aparecer en la habitación del psiquiátrico y había tirado abajo la cama.

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