HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado tocando el tambor. Y he sentido que revivía... que mis huesos bailaban, que mi corazón volvía a recordarme. Y la lluvia tras los cristales, con su sutil elegancia de la memoria de la muerte y de la semilla. He llegado a lugares oníricos... sentí que bajaba por el río de los muertos y que me conectaba con su memoria. Toqué muy salvajemente el tambor, al principio de forma muy amorosa, como espuma de mar y sentí una especie de orgasmo, como si mi cuerpo buceara miles de mares. Luego me vino un recuerdo... de un amigo cuando me contó apenado que su mamá le destruía sus pinturas y les echaba agua bendita y ponía crucifijos y velas porque creía que estaba endemoniado y ese recuerdo me hizo carcajearme....  yo también alguna vez hice pinturas del infierno. Y luego el tambor me llevó a lugares más silenciosos, abstractos e íntimos... por un instante sentí que yo estaba muerta y que tocaba sobre un desierto de fuego... y todo cobró miles de significantes poéticos y mi cuerpo no pesaba nada, el paisaje y la lluvia, se volvió un barco a toda velocidad sobre una belleza cruel y salvaje que me llenó de cantos la soledad.

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