HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado un rato por ahí con el perro. Hoy volveré a la montaña y a la soledad. Necesito llegar al verbo que ama y ríe, aunque todo sean ruinas. Que se levanta entre ellas como ventana hecha con hachas en la densidad de la tiniebla y drena de la luz ese alimento de flores. Y tú ya no estás solo, todas las estrellas saben lo que sientes y te protegen con lo que nunca será tuyo.
Nuestro lugar siempre fue una antagonia entre el espacio y el tiempo. Un arroyo de metáforas cociendo junto a las mandrágoras la retorcida salida de la inexistencia. Al azote de las fuentes bajo la nieve con un carrusel de opio bebiendo de tus ojos la suciedad del caminante.

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