HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido al monte, hoy no subí demasiado... me cansé mucho... y me tiré en la hierba y me quedé allí. Me quedé pensando ceniza y viejas batallas de batiscafos en medio de ninguna parte trayendo la droga de los colibries. Luego toqué allí arriba el tambor... al principio como un juego... sacando la rabia, golpeando con sangre y con humo, cantando vocales como los indios.... conectando mi útero y mi ombligo con el fondo de la tierra y con el sol.... con algún vuelo oblicuo e incognoscible de mi desconocimiento. Y empecé a sentirme feliz y a ver la belleza en los horizontes montañosos, sentí una especie de orgasmo de lo inefable y sentí que recuperaba energía y felicidad. Aunque no entré en el Silencio... estaba en otro lugar del espíritu, una especie de taberna... al lado del suburbio. El perro hizo hoyos en la tierra. Y vino a tirarse sobre mí varias veces. Nos mordimos y jugamos absurdamente. Luego me tiré otra vez en la hierba y quise quedarme allí. Como si ella me cuidara. Tuve un deseo de hacer una fosa y dormir bajo la tierra. Luego bajamos.. le di de comer al perro... y cogí una cerveza.

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