HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido por ahí con el perro. Hoy estoy algo tensa, de la palabra radiografiada en el derrame de alcohol de tu oscuridad sobre esos azulejos que seguían la preñez de las arañas en cachos mordidos de cartón bañado en ácido, muy lejos del punto de encuentro, de nuestros ataudes, en el beso de la canción.
Me miro con el hueco... hacia la latitud de trigo y de arista, destruyendo mi historia, para salvar a la mar en mi pecho.
Todo ha sido, un juego de naipes en el infierno, junto a la flor, la hiel y tu beso de inexistencia en los trapos del tango lavando heridas en el vudú de los venados.
No duró la semántica del asfalto, ni sólo la de la indigencia.
Fuimos escalando agujeros de gusano en el ardor del cubismo. Fue creciendo una multitud de cada dedo haciéndose la serigrafía del olvido y de la amapola. 
Fuimos.. el ardid de una trampa para encajar un argumento en un loco actor divergente y atormentado. Y salió rana y hierba que se fuma, a la salida del cine, cuando ha muerto la esperanza.
Hoy soy otra vez cada una de mis distancias y de mis pérdidas. Y el lapicero se moja, en la cortina de fuego que empapa el acordeón de tus sueños sacros, con la viscosidad del dadá en una renuncia y en una pelea. Muy lejos de los motivos personales y del instinto de supervivencia.
La urdimbre de la palabra nómada, fue arrancándonos las palabras que llegaron en carne y lima. Y la experiencia del muro del manicomio, fue enladrillando y rompiendo diques en la suposición de la equidad de tu hambre y la mía, de tu eco y mi cuerpo, ciabogando precipicios donde se llenan los vasos que reposan en la acera la pérdida del conocimiento de un amor borracho de galerna y de imposible. 
La ternura es un perro negro bajo la lluvia, arrastrando en mí la verdadera memoria de mi conciencia de existir.
Lo otro, son artilugios del devaneo y pasión del teatro. Piezas desencajadas del puzzle que multiplica el nombre de tu olvido en mi sudor, con el perfume de una tierra furtiva levantada en armas contra la polución de las sombrías estatuas de los propios. 
Y da igual que lo bañe la gasolina o la leche de la vírgen. Nacimos a la mitad muertas. Fue un piojo de Alicia el que tatuó el síndrome de la sangre y la simbiosis, en los suelos resquebrajados del Fauno en guerra.
Y la soledad que estercolé en mis manos, fue igual de profunda que la que tomé del blues cuando sangraba sus excesos en medio de ninguna parte. Mi sombra fue una polilla acechando el verbo del paso de la noche en las caderas de metal de tus muertos bailando el twist.
Fui bifurcante de la llamada del dolor y del deseo. En tu casa de muñecas de plomo y cabezas de puma. Fui el otro lado, del otro lado que juré tenerte cuando la ciudad se llenaba de ruinas. Y en tu pronombre, hachís y goma de borra. Recaudo de los vendedores de humo. Trampa insolubre del poema, cosiendo desscosidos con agujeros enamorados.
Anonimato descabechado de tumbas sin nombre ni flor.. buscando la venganza del mar.... en grietas cuánticas destruyendo la linealidad y el peso es al volumen, puntas en tu lienzo, amor al TAE del hambre y jeringa en la balanza cambiándole el rostro a tu barco de cadáveres en mi piel.
Hoy camino, tramontana en el bolsillo roto. Cedro en tu abril, marchándote de la bienvenida de los mirlos.

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