HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He sido feliz en la naturaleza... he vuelto a sentir el baile del infinito, la caricia de lo incognoscible más allá y más acá de mí. Otra vez el código onírico incluyéndose en los árboles y en el río. El bailar, el cantar onomatopeyas.. el sentir la belleza arder. Se mezclaba el sol con la nieve, unos copos tipo granizo que sonaban sobre las hojas y la hierba como la felicidad de un animal de otro mundo. Durante un instante tuve un visión onírica, detrás de mí había un dragón cenizo y un abismo, un mundo de muertos... y al frente, la luz de la grieta rompiendo la atmósfera, llevándome a mi corazón. Y algo, una explosión de un rizoma, me explico mis tormentos de un modo mucho más profundo, con una especie de magia de metáforas transformando en mi piel la cavidad de la herida. Eso me preñó de vida y de ganas de volar. Y luego seguí caminando y bajé a ese rincón donde mis pies quedan al lado del agua... y todo fue hermoso, como si volviera a amar y un nombre imposible rozara mis sienes y me embriagara el corazón de la esperanza del Imposible, tan mundano, tan pobre, tan aquí con fuego y polvo. Sentí un orgasmo en mis emociones, en el lápiz de mi pupila, en el olor de los líquenes. Y ahora estoy cansada.... tengo hambre... quiero dormir entre los brazos de la mar.

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