HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He vivido... desde estados de la percepción...que se quedaron sellados en el fuego, a través de un salto al precipicio.... y usé la destrucción de mi vida, como el barco. Leyendo a Carlos Castaneda he comprendido aquello que viví cuando tenía 17 años desde otra perspectiva. Yo era adicta... a entrar en aquellos estados... mi planta mágica fue Antonin Artaud, un viejo libro de una edición de los 60s, el pesa-nervios. Ese libro lo tenía escrito con lo que yo sentía... porque cuando leía a artaud en estados alterados de conciencia y llegaba a un conocimiento incuestionable y sin palabras.. sabía que luego se me olvidaba. Yo de aquella no manejaba demasiado bien el arte de la escritura. Y mi mayor guerra era la incapacidad de explicarme lo que yo vivía en esos estados y de conservarlo cuando salía de ellos. Era muy osada...y mi deseo de ese poder, era muy delirante.  Cuando volvía a entrar en los estados de conciencia a través de los porros, volvía a recordar automáticamente, en el golpe de un segundo, todos los otros estados de conciencia y verdades a las que había accedido en el pasado de ellos. Yo de aquella no sabía mucho.... no conocía esas leyes, además tenía monstruos en mi alma... pero era demasiado vehemente. Y usaba innatamente la hechicería conmigo misma, así que desde los estados elevados de conciencia, construí raros puentes de sujección, para refrenarme en los estados cotidianos, para obligarme al fuego del espíritu.  Esos puentes los sentía dentro de mi cerebro, como golpes de energía.  Esos golpes de energia me guiaban en mi cotidiano. Pero dejé de ser del todo una persona normal. Cambié tan radicalmente.... que destruí mis viejos sueños y sentimientos. Me entregué con nitroglicerina al camino de ese conocimiento. Y tal vez mis errores, mi osadía, mi rabia, mi vehemencia, me llevó inevitablemente a la locura y al infierno. Yo de aquella vivía en otra casa... y entraba a ésta que es donde vivían mis abuelos solos... entraba a hurtadillas, ellos siempre tenían la llave en la puerta. Subía al piso de arriba sin que nadie supiera que estaba aquí...y me preparaba para entrar en esos estados de conciencia.  Trataba de escribirlos. Aunque entonces no podía hacerlo muy bien, y mis pensamientos, mi relación con las palabras, provocaba monstruos. También hacía mapas y dibujos del laberinto-conexiones neuronales. Yo sentía físicamente en mi cerebro... los lugares de donde nacían los sentimientos, la locura, y el allá. Pero entonces no me conectaba con el cosmos. Estaba ebriamente incendiada sobre mi entraña y su prisión. Yo me creía de aquella capaz de destruir a la muerte. Era muy loca. Trataba con ese "dios" de tú a tú. No concedía nada. Y ese alter ego de la nitroglicerina me llevó a muchos infiernos. 
Después de mi primer brote psicótico, cuando tenía 18. Se aseveró la ruptura. Primero fue el baile y la puesta en escena de mi violencia, un orgasmo guerrero, contra la policía y la procesión de esa semana santa y algo mucho más profundo.............. Luego claudiqué. Bajé a la nada. Empecé delirantemente a sentir esa parte de mi yo-niña. Antagónica a ese raro animal que había sacado.  Y entre todos los problemas que me cayeron encima como un burdel roto en mil pedazos. Entré a la absoluta pérdida. Había perdido mis recuerdos, mis pensamientos, mis sentimientos, de la otra conciencia y de la cotidiana. Me convertí en un doloroso fantasma de la muerte. Sufrí mucho esos meses. Por la noche.. mi cuerpo convulsionaba, mis piernas daban patadas sin que yo dirigiera el golpe. Sentía aullidos de dolor. Mi cuerpo se retorcía en un insomnio insoportable. Perdí a todos mis viejos amigos, a todo. Lo más doloroso fue que me perdí a mí misma. Había dejado el hachís durante esos meses. Había tenido presiones de que eso era lo que me volvió loca. Pero luego.... después de vivir como un fantasma.... dejándome llevar por cualquier cosa sin importarme nada. Sentí otra vez la llamada. Trataba con locura de recordar qué había pasado en la metamorfosis psicótica. Había olvidado todo. Y pensé que la única forma de recordar era el hachís y volver a los estados de conciencia. Así que volví a fumar. Y volví a recordar. El hachís volvió a darme una atmósfera en mi destruida mente. Volvió a despertar el significado. Y fueron otros ocho años.... dentro del éter.

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