HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy sí que tengo que recoger la casa. Necesito recuperar mi candor... las ganas de vivir y de cruzar abismos, la felicidad de las hierbas y de los ocasos. La fe de los saltos al vacío, del amor y del dadá. Sin andar dibujando fantasmas en la cicatriz de mi pecho. Sin andar sintiéndome el desierto que clama en la noche cuando todo se ha ido. Todo lo que necesito siempre ha estado en el confín entre la nada y el infinito, en lo incognoscible. Es ahí, donde se haya la percepción que hace que esto sea un bello teatro. Es mi modo de procesar el fuego de lo inefable, lo que me trae la paz o la guerra. Soy yo la que he de cambiar... porque en el fondo, la desolación la provoca la mirada, no la hechura. La hechura es cuántica, compleja y siempre juega y ríe, también en sus macabras vueltas. Somos nosotros los que nos atascamos en sus pozos.

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