HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Kavka es un sueño. El vínculo que él mantiene con el humus de la vida, me empuja a mirar desde sus ojos, el precipicio de los míos y a volver desnuda hacia el vestido del viento y del Imposible. Su latido es la absoluta cadencia de la luz, en medio de ninguna parte. Y pega a mi corazón un sagrado sentimiento. Los perros desde que era niña, fueron mi isla, mi alegría, mis motivos para amar.  El lenguaje que ellos me despiertan en la comunicación con lo abstracto, me lleva directamente a la risa del espíritu que sabe sin conocer las palabras y que se mueve libre y exacto en la latitud del sol y los mares.
Amo en Kavka, a todos los perros que amé, a todos los corderos y árboles, a todos los niños y lunas. Porque él es la vida, con la boca abierta, con la risa tatuada en su faz y en su sombra, es la vida, sin ninguna duda, sin muros ni cadenas, sin engaños, sin resquicios. En todos los animales vive lo sagrado de una forma tan incandescente... que poder amarlos, es amar el Universo, que hablar con su lenguaje, es hablar con todo lo imaginable y lo incognoscible.

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