HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llego ahora a casa. Estoy en otro lugar. Mi poesía está conmigo en una cuadratura que derrite el soliloquio entre la pupila del lago y la espesura que la mata acaricio en tus manos de madera devolviéndole un corazón al viejo dique golpeados por los sueños borrachos que allá dentro durmieron de piedras y mazas, la soledad que tomó los caballos y saltó al abismo. Pasó por tu saliva escrita en códigos de mármol y de coral.
Camino la deriva, con la sombra desapegada de ese verso atado entre dos mástiles, haciendo algo binario de la semilla que contiene del pentagrama los insomnios ensangrentados en tus papeles cosidos con pintura y charco... hacia la grieta de mi pared.

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