HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despertó el perro. No recuerdo los sueños... es como si me hubiera dormido gritando... y hubiera gritado toda la noche las onomatopeyas del silencio. Se oye el canto de los cuervos... la soledad mueve las páginas de un cuaderno muy dentro del río. Todo ha cobrado un aspecto distante.... una pértiga de ketamina desde tu insomnio. No debería de recordarte, porque eso es llegar al fuego del sin sentido y llorar claveles en la tierra seca. Hasta aquí no llega el eprfume de haber amado algo que hiciera semilla y camino. Lo amado sólo hizo hoguera y acabó obligando a quemar todas las rutas y empezar 200 metros bajo tierra a buscar el lenguaje del agua. Esos fetiches de la nostalgia y del vino, me dejan congelada, me imponen poemas de andenes cuando han partido todos los trenes hacia la lava. Y me quedé pegada en la sombra, rodeándote el réquiem con ese humo que inhala la vejez del sol en las arrugas del olvido.

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