HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto algo triste... ayer fue una noche extraña.. al llegar al pueblo, sentí la abrasión del abandono, la oscuridad de mi soledad y un temor sobre una preocupación que me ha sido muy determinante de un modo simbolista que me rasgaba en el fondo de los ojos el fuego del horizonte.
Creo que he vuelto a un lugar antiguo y peligroso. 
He ido destripando capas del teatro que seguía para mantener a salvo el poema. Y he dejado lugares aullados de vacío en el rubor del humo. Eso me ha dado de nuevo cierta indefensión y dadaismo en la relación con el espanto.
Además anoche volví a recordar a K. Y eso me ha puesto oscura, porque creí que por fin estaba zanjado en el poema roto. Y algo en mi entraña sigue en ciertos momentos evocando paisajes deshollinados sobre una pasión de muerte.
Ahora veo las montañas... el canto de los pájaros, el latido de mi corazón en algún lugar de la lejanía. Y sé que tengo que retornar el canto Consciente... hacia la vida. Y dejarme ya de maquinarias de los sueños rotos. Pero no es algo tan simple, como el deseo, es algo que he de remover en el lugar en el que nace, porque sé que detrás de su discurso, hay una zona en mí, que aún sangra, y esa sangre hace ecuaciones sobre otros verbos que me rozan y lugares del camino a los que voy.. Esa herida... tiene qué ver con algo más profundo de mí, y no sólo la hechura que ella fada.  Es una forma de representación de algo que siempre he sufrido como la distancia. Algo que vuelve a oscilar en los polos del absoluto aislamiento y el deseo inconcluso y tal vez corrupto del amor.
Si fuera radical con mis palabras cuando estoy con los otros, seguramente volvería al manicomio o moriría en algún callejón llena de fuego.
Mis sentimientos están en un lugar muy extraño. Hay una ausencia que en su envés me empuja a tabernas de la desolación y el vicio. Pero es una ausencia que nunca ha sido ninguna otra cosa, excepto en el poema. Es una ausencia que en la realidad ordinaria y en las zonas materialistas del afecto y la empatía, en la prosa humana, siempre ha sido un cuchillo en mi pecho.

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