HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he puesto enloquecida de amor volado por los aires... con la canción de la anterior entrada... y el estrépito de alegría vagabunda ciabogando un mundo con los pies por la cabeza oradando topos en el avión que se estrella sobre una nube. Y quiero ir a por una botella de vino.. y bailar... junto a la Nada... entrando más allá... y hablar de tú a tú con el perro y a ver si los dos al fin resolvemos el alfabeto que se enterró en las gargantas de la humanidad bajo la sequía que sangra en la tierra en forma de ese huracán que a las menos cuarto, nos llenó la habitación de flores mágicas y asesinas... invitando al Imposible a condición de jamás volver y no dar nunca más pie con bola, en el país, si acaso puntapie y bandera quemada, recogiendo arañas en los cantos a quién nunca dio pan cuando lo pidió el harapiento hijo del blues. 
Soy la madre de tu hijo muerto en el futuro pluscuamperfecto del exceso de amanita entre esos campos de la guerra que nos hicieron sangrar cardos y zopilotes.
Vamos de pura casualidad, entre la vida y la muerte, resoplando en los pututús el corazón de la mar. Es ebriedad sentir el aire teñir tus zapatos rotos entre los trigos y mis asesinadas del amor. Es orgasmo mirar el crepúsculo alzar murciélagos desde nuestras heridas poseyendo el reino de los vagabundos. 
Ya no necesitamos una mano en nuestra mano. Tenemos mil telarañas de las mil manos de las criaturas que no existirán nunca para ti.  Vamos con el opio, donde nadie volvió. Vamos con sangre reseca de manicomio atándonos a los gorriones para llegar al éter.
Somos los que ya estamos muertos. Somos los que nada sino la nada puede arrebatarnos. Somos la soledad del que no predicó nada ni en el desierto, ni en el templo, ni en la cloaca.

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