HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mi camino sólo va, donde ladran los perros por la medianoche y se mueven los zarzales y echan alaridos como si hubiera regresado la memoria de la muerte y nos clavara sus señales donde tiembla en tu mesita mientras duermes el horror de haber nacido sin alas.
Todos mis otras pasiones, son pasiones de la fórmula de mi tormento y la tragedia del laberinto de etílicos nómadas despellejados por su propio perfume del beso de la nada. 
Mi camino va.. hacia el amor de la materia inerte de la mar, pendulando el oboe de opio de tu olvido y de la inmensidad descosida a balazos en el fervor de los que no tendrán nada.
Hay muchas cosas que le son familiares al 90% de la población que yo siempre he mirado como pura ficción. Todo me decía, es lo normal, es lo real, es lo que debe ocurrir para ser feliz, para amar, para darle un puto sentido a ésta deriva. Y sin embargo jamás estuvo ni en mi piel ni en mi hechura. Yo me quedé con Momo. Yo me quedé con las tuercas y tornillos de Fransquestein buscando crisálidas en el fondo del río.  Yo miraba aquello, como voyeur del cine. Y eso me hacía sentir de otro planeta. Siempre la sospechosa, la intrusa.  Con una nostalgia romántica y delirante de algo que jamás tuve. Y por el pulso de esa ausencia... los poemas empezaron a crear raros puentes y trampas... en la sangre de los olivos tiñiéndome la piel.  Y mi corazón se separó cada vez más de la humanidad. Porque lo que yo amé de la humanidad, fue al leer a los poetas muertos y al escuchar canciones anarquistas. También en la ternura de los locos. Pero no fue nunca algo recíprocro en lo material ni en la mano sobre otra mano. Fue sólo en mi sueño. En mi agujero-Momo. Y el aislamiento, elabora la belleza y el Ideal del aislamiento. Y cada noche que pasa entre sus pututús, separa cientos de kilómetros el retorno. Porque ese retorno debería tener la misma arquitectura que el fuego de la huida. Y eso sería un licor dadá de locos y arlequines de hollín borrachos en el Leteo.  Algo que sólo ocurriría en el éter.

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