HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No sé bien dónde estoy. A veces es el lugar de la belleza y a veces del espanto. A veces todo lo de atrás fue un naufragio sacando palas y martillos para nombrar a Venus en la nada que te sigue con delirio el incendio del vaso entre esas orgías de pronombre ahorcado. Y a veces todo fue el designio del fuego buscando la ternura de las bestias del mar en el crepúsculo que te cerró los labios cabalgando el viento.
A veces siento que la muerte está muy cerca de mí, y el fin no tardara mucho.... bajo las sendas que aquella guitarra grabó en la lejanía. Y todo es un marcharse.... al andar entre las hierbas, al perseguir el barro desdibujado en tus cuadernos de la soledad. Y al ver pasar advenedizas cada una de las historias que manchamos en la carne y en la llama. Espantadas de haber crujido en el verbo y haberse desmenuzado en medio de la nada con una orquídea grapándote el réquiem, donde los cangrejos bailan.
Voy acumulando la soledad.... en trajes de cartón y juegos de polilla. Vivo enamorada y hueca, de la profundidad que me golpea sobre una metáfora indescifrable. Ya no tengo nada qué ver con ningún mundo. Hay mil y una nostalgias que mueven los trenes de madera en verticales que preñan los armarios vacíos con poemas de benceno. Y las grietas de la pared insistes tu caligrafía sumergida en el humo. Yo estoy a todo de paso... y el amor que necesito sólo puedo hallarlo en la luna.
A veces despierto bañada en vapor, y el tictac, remueve orugas y tomillo, en esa fotografía en blanco y negro que todavía huele a vino y a sal.
Mi desarraigo social cada vez es más irreversible. Porque me salvo en la soledad de los errores gramáticos de mi cuerpo en el precipicio. Y persigo, teñida de gas, el umbral oblicuo que desvanezca la prisión del yo, en una extorsión de salvia que agite las alas desvencijadas de tus diarios tristes.

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