HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Oscurece. He estado jugando con Kavka y queriéndolo infinito.Y sintiendo la noche que va descendiendo el valle. Feliz e infeliz.... en la abrasión del poema que no recuerda ninguna palabras. Me siento silenciada y húmeda en el ronquido del bosque. La casa vacía. Todo lo que dejó de estar en la tierra y ahora pertenece a un pentagrama de metáforas imposibles. Y allí, no existe la muerte de ellos. Allí todo canta la continuidad del fuego y de los ríos, la pasión de la nada, y otras construcciones oníricas que ensangrentan la mar en mis ojos.
Soy feliz cuando siento la poesia, aunque su canto sea obscuro. Los perros ladran. Cuando estaba vivo el Thor... él solía irse a vagabundear calles y montes, y yo varias veces todos los días, lo llamaba a gritos, tan fuerte como podía, medio cantando, y cuando los perros del pueblo oían mi voz, se ponían a ladrar, y al rato llegaba el Thor, con la lengua fuera y se avalanzaba sobre mí. Éramos felices entonces. Siempre había una botella que beber junto a un desconocido que también estaba sucio de tierra y de caminos que no llegaban a ninguna parte.

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