HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Pertenezco al mundo de las sombras. Porque una orgiástica luz imposible, me llevó con ella, cuando el mundo era un matadero y una montaña de basura. Cuando yo prefería besar a los saltamontes que a los seres de dos patas. Cuando la noche escribía en mi piel, el hielo fundido de las estatuas. Y sólo los perros seguían el Ritmo. Y sólo las apestosas tabernas de los desahuaciados, tenían las señas de cómo volver a casa y bebían mi sangre, en el rito del sexo de los precipicios. 
He buscado la luz.... en la mística y en la pureza. Y hoy sé que yo no pertenezco a la orilla, ni al cielo, ni a la paz, ni a ninguna casa. Mi luz está en las tinieblas.  Está en mi marginación, en mi exilio, en la rabiática despedida de los que no tienen cuerpo ni palabra. Y no lo será por despecho ni por venganza. No lo será sólo por la contra hipnótica del caminos de los descaminados. Lo será por amor. El mío. El que no trata con humanos. El único que ha evitado mi suicidio y que me habló al oido desde la fosa del estramonio. 
Por eso vuelve el poema.

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