HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Pronto me iré a la montaña.... con esa polilla comiendo mis neuronas desde el espíritu del cosmos y el plomo fundido de tu caligrafía de ahogado en el cieno de mi memoria.
Todas esas historias fueron finiquitadas en la pasión del fuego. Las moratorias se sirvieron con vino tinto al despecho de los desheradados. Yo me sacié con humo y con besos de la nada, en ese lugar donde mi bolígrafo es una pala cavando en tu fosa mi canción perdida. 
Hagas lo que hagas, nadie conocerá tus verdaderos motivos. Porque ellos nacieron cuando estabas muerta. Y no tienen nada qué ver ni con la tierra ni con las palabras. Ya deja de pedirle al Infierno rosas. La única forma de ser un buque en esto, es no ser más que polvo. No desear nada del Buda. No mirar al cielo en busca de respuestas, tomarlas en el suelo resquebrajado, como nichos de nieve. Y dormir a pierna suelta en la tiniebla que siempre ha estado aquí. 
Y para eso de verdad el Verbo ha de cumplir su matríz ausente y su ausente futuro. Sin más limosnas ni reclamos al alcohol del callejón.  Han de salir las alas de la cucaracha de Kafka como soplidos del paraiso. Sin sangrar nunca más en el espejo al hombre.
Mi único semejante murió hace 500 años. Yo leí su carta suicida en un libro lleno de moho. Y ni siquiera entendí una mierda.  Esto es lo que nunca he de olvidar cuando me ataque el romanticismo de los cementerios.

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