HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se escapan algunos copos de nieve. Pero entre hormigón y horizontes de cemento. La ciudad es una tumba que inhala en tus labios... viejas puertas quemadas en ese rito de la mandrágora lejos de ti, cuando a carne viva... esculpías violines de etanol en el lugar de mi exilio.Y blabla, verso del hambre, síndrome del pronombre ahorcado, viejos sótanos de noche petrificada en el fondo abisal de tus ojos. Por allí ya no es. Por allí sólo encontraré mi sed y mi desarraigo. La caricia sólo está donde hablan los árboles. Sé que he olvidado algo. En algún lugar de la glaciación de tu pentagrama en las viejas caracolas, hay un acceso. Hay que serpentearlo como letra de vino debajo de la tierra.  Tengo que regresar al acceso de la muerte del tiempo y del espacio. Hoy sufro los vicios de mi escritura.. en esa madriguera que palpaba tus escamas en la sal... los dos escurriéndonos de todo lo nombrable.
He de hacer el ejercicio de embriagada aceptación de mi escalofrío y mi sombra. Del disfraz de mi daño en los aquelarres de la flor del cedro, aunque estemos muy lejos de un acuerdo con las palabras.

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