HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se remueven airadas de las pérdidas que se agitaron en tus epístolas cuando enviabas el retroceso del desierto en estatuas cosidas a balazos bajo la soledad del agua. Yo sólo fui, tu error de invierno... una seña muda del camino de los arlequines que moriría en abril.... Era más caro tu vino. Más decente esa forma de cortarte las venas entre espejos cuánticos de tierra herida. Yo acumulé castillos de arena, en la tráquea de aquél pájaro que murió la noche en la que te fuiste. Lo llené de taxidermias de hachís y de delirios de esperanza imposible. Y también me marché. Todos nos vamos hacia el olvido cuando nada puede detener el abismo del llanto de los olmos en nuestros pies. Hoy hablan de ti los pinares bajo la nieve... y sigue siendo la hora cero de las brasas de aquella hoguera en medio de la nada. El sentimentalismo... se hizo cuarzo y aire... en las manos vagabundas de mi espantapájaros. Para recomponerme tuve que ir a robar al infierno licores de la locura. Pero lo roto, sigue roto, embarazando los poemas de la mar.

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