HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Siento tan desarreglada y fría la casa.. que me quedó inmóvil como ella... abriendo sus llagas a las raices de la hiedra para ver si entra dentro el monzón, y todos los demás nos vamos. Pero no puedo vencerme sobre el naufragio. Hay que seguir con los ojos muy abiertos.. hasta escuchar el alma de la noche agarrada al grito como un barco incomprendido, zozobrando exilio... en esas pieles que juntaron las fracturas al acordeón de lo desconocido.
Yo ya no voy hacia la tierra. No me incentiva nada respecto a la humanidad. Lo único que tengo aún humano es la escritura... y ella no se deja atrapar por mí.. ni obedece ningún designio del deseo de una obra o de un sentido y la belleza.
Mi separación metafísica con las personas se retroalimenta en un enervante contradicción bajo la que yo nací. Cuando me muero por amar y ser amada, por hallar la ternura y la canción, una sereneta oscura deambula en otra zona de mi conciencia que tiene el acceso vetado del otro, y del mí sobre el otro, del mí sobre el mí, sobre la certeza. Yo no soy el yo, soy la conciencia abstracta de calambres y cuchillos que me llegan y que yo no los elijo, ni sé bien de dónde nacen, los sufro, o los gozo. Y siempre salgo expulsada de la arquitectura que creo abarcar de mi existencia y de mi camino y víscera. Navegando sin reposo, entre lo desconocido y la bruma. La distancia con el amor, me es una herida que se abre en canal sobre la persecución de un sueño más profundo y medio inviable. Por alguna razón siempre tomé caminos antiracionales que me llegaron como un canto de fuego y de magia, y la vida ordinaria atormentó hasta el radicalismo de la rareza y la harina de olmo, en tus ojos tan bellos cerrados a mis ojos.

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