HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Siento un raro y profundo amor.... entre los vestidos hechos ceniza en el suelo, del baile del amor, prófugos.. amarrándonos a la deriva y a un  golpe de fuego, como cicatrices cerrándose en los labios de la montaña. Como una esperanza en la metralleta y en la fragilidad de la flor. Como el corazón del precipicio tentándome a volar, entre el infierno y el infinito... y no poder resalcirme, y no querer entregarme. Incluirme sobre otro poema. Utilizar los ardides de otro valle vaciado entre los violines que la noche mastica. Es necesaria la cuántica. El tercer verso que nos borra a los dos. Que nos seca del ansia del fuego....  y nos cabalga en la profundidad de la mar... hacia ese corazón que estaba mucho antes que seguirá después que nos alza burbuja de viento.

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